viernes, 28 de agosto de 2015


Joaquín Sorolla: ¡Aún dicen que el pescado es caro!. 1894. Museo Nacional del Prado. 

-Yo no sé -decía una tarde tía Sidora a Andrés, con los ojos empañados, mientras su marido se quejaba, tendido en la cama- cómo, mirándose en este espejo, hay hombre tan dejao de la mano de Dios que se mete en este oficio. ¡Infeliz! Cincuenta años largos de bregar en esos mares, con fríos que aterecen, con soles que abrasan, con vientos, con lluvias, con nieves; poco descanso, una pizca de sueño y vuelta a la lancha antes de romper el día, y cierre usté los ojos para no ver la estampa de la muerte, que se embarca primero que naide, y va siempre allí, allí, con los infelices, pa acabar con toos ellos cuando menos lo esperan y onde no hay otro amparo que la misericordia de Dios... Si supieran lo que cuesta sacar aquel pescao de la mar. Qué peligros. Qué trabajos... ¿Y pa qué, Señor? Pa que el primer día que el infeliz mareante se quede en la cama no tenga su familia qué comer… 


José María de Pereda, Sotileza, 1884. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Arte, curricula e impotencia



Debido a que colaboro en la gestión de un pequeño proyecto cultural (no diré su nombre, si alguien muere de interés que cotillee mi perfil en linkedin) es habitual que reciba con cierta frecuencia curricula de personas que desean trabajar o colaborar con nosotros. Me he encontrado de todo: desde gente recién licenciada sin nada de experiencia ni formación docente ni de ningún tipo (tras cinco años sentados en el banco del aula de la facultad aún creerán que se van a comer el mundo, un mundo saturado de licenciados como ellos) a personas con un curriculum asombroso, muchísimo mejor que el mío, tanto en el ámbito de la investigación histórico-artística y la educación como en la gestión de museos. También, y esta es la peor parte, me han llegado curricula de conocidos que, sin saber que yo llevo el proyecto, lo han enviado buscando una oportunidad de trabajo.