domingo, 25 de mayo de 2014

Anamorfosis: jugando a deformar la realidad











No le pasa nada a tu navegador. Esta imagen fue hecha así. Y es que hoy vamos a darle la vuelta a la pantalla del ordenador. Literalmente. Es la única manera de ver estas imágenes deformadas intencionadamente y denominadas anamorfosis.

domingo, 18 de mayo de 2014

San Isidro Labrador, patrón de Madrid


Madrid, aunque tu valor
Reyes le están aumentando,
nunca fue mayor que cuando
tuviste tu labrador. 

Así canta una poesía de Calderón de la Barca la gloria de san Isidro Labrador, cuya fiesta se celebra el 15 de mayo en numerosas ciudades de España y de Latinoamérica, aunque su figura se asocie siempre a Madrid. En esta ciudad, si el tiempo lo permite, acudirán los madrileños a la pradera de san Isidro para festejar el día de su santo patrón. Pero, ¿quién fue realmente san Isidro? ¿Cuándo vivió? ¿Qué hechos milagrosos tuvieron lugar durante y después de su vida?

lunes, 12 de mayo de 2014

El enigma sin fin de Dalí: las mil caras de un cuadro

Entre los artistas surrealistas siempre se alza como un gigante Salvador Dalí (1904-1989), creando una sombra que es muy (incluso demasiado) alargada. Hoy me gustaría hablaros de una de sus obras y de las mil caras, como si de un poliedro imposible se tratase, que el lienzo ofrece al espectador pero que éste muchas veces no sabe ver. Ciertamente hay que tener un ojo avezado no sólo en pintura, sino también en la obra de Dalí, para "ver" determinados elementos, en algunos casos recurrentes en la producción del artista. 

Salvador Dalí, El enigma sin fin, 1938. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

La obra de la que hoy os hablo es El enigma sin fin, un lienzo realizado en 1938, ya avanzada la Guerra Civil española, y que actualmente se conserva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Dalí nunca se desprendió de este cuadro que sólo pasó tras su muerte a las colecciones del Museo por legado testamentario.

domingo, 4 de mayo de 2014

Los racimos del Labrador y una exposición del Museo del Prado

Hace unos días (el 30 de abril, sin ir más lejos) se cumplió el aniversario de la muerte de Édouard Manet y me vino a la memoria su solitario espárrago, del que hablé aquí hace algún tiempo de manera muy breve. Si entonces hablé de ese espárrago fue porque vi unas uvas... en una exposición sobre la que escribí una pequeña reseña. 

Las reseñas de exposición son, en cierto modo, literatura efímera en tanto en cuanto describen un acontecimiento pasajero que sólo tiene una vida de unos pocos meses. Por tanto, cabe preguntarse qué sentido tiene rescatar en un blog la reseña de una exposición que tuvo lugar hace ya un año (tempus fugit!). 

Tenga sentido o no este rescate, aquí queda esta reseña que realicé para el blog de la Asociación Cultural Anónimo Castellano para quien desee leerla.


Minisite: http://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/el-labrador

El Prado comienza en marzo la renovación de su temporada expositiva. Para empezar a abrir boca, la pinacoteca madrileña ha reunido en la acogedora sala D de la ampliación de los Jerónimos once lienzos debidos al aún hoy misterioso pintor Juan Fernández el Labrador, once lienzos que giran, casi de forma obsesiva, en torno a un único elemento: las uvas.

Poco se sabe de Juan Fernández el Labrador, pues sólo se tienen documentados apenas siete años de su vida y producción pictórica, los siete primeros años de la década de 1630. Según parece, Juan Fernández, de origen extremeño (aunque este dato no ha sido aún demostrado documentalmente), fue criado del importante noble y coleccionista de arte italiano, residente en Madrid, Giovanni Battista Crescenzi. Según algunas fuentes de la época, en torno a 1633 Juan Fernández se habría retirado al campo (de ahí el sobrenombre de "el Labrador"), donde se dedicó a retratar los frutos de la naturaleza. Sólo cada Semana Santa volvía a Madrid para vender sus obras. Su fama debía de ser grande ya en vida, pues por sus pinturas se interesaron monarcas ingleses y franceses, concretamente el rey de Inglaterra Carlos I, quien recibía los bodegones a través de su embajador en España.

Bodegón con cuatro racimos de uvas, Juan Fernández el Labrador (c.1630), 44 x 61cm. Museo Nacional del Prado

Cierta o no esta bucólica historia, Juan Fernández, envuelto en la bruma de la leyenda, ha pasado a la historia del arte como el pintor de bodegones en general, y uvas en particular, cuyas obras traspasaron las fronteras de los dominios españoles y causaron admiración a propios y extraños. 

A pesar del reducido tamaño de la muestra, las obras, algunas procedentes de los fondos del Museo, otras préstamos de colecciones particulares, aparecen organizadas en dos secciones que pretenden ilustrar la evolución de la trayectoria artística del Labrador desde sus obras iniciales, con el protagonismo absoluto de las célebres uvas, hasta sus últimas obras conocidas, donde comienza a introducir otros elementos, tal vez por indicación de sus clientes.


http://www.madridactual.es/images/stories/noticias/noticias_agencia/agencia_thumbs/5181008w.jpg

La primera de las secciones se titula Un Zeuxis moderno, en alusión al legendario pintor griego que inmortalizó el romano Plinio el Viejo en sus escritos. Según narra Plinio en su Historia Natural, Zeuxis, quien habría vivido en el siglo V a.C., estaba especialmente dotado para representar la realidad con gran verismo. Es especialmente célebre una anécdota, en la que se describe su enfretamiento con otro importante pintor griego, Parrasio, para demostrar cuál de los dos pintores era el mejor.

Este enfrentamiento consistió en que cada pintor tenía que presentar una obra suya, cubierta con una tela. Zeuxis descubrió su pintura, un racimo de uvas pintado con tal realismo, que los pájaros bajaron del cielo para intentar picotearlas y comerlas. A continuación, Zeuxis pidió a Parrasio que quitara la tela que cubría su obra. Sin embargo, la tela no era una tela de verdad, sino que estaba pintada, por lo que Zeuxis reconoció que Parrasio era mejor pintor que él: Zeuxis había engañado a los pájaros, pero Parrasio había conseguido engañar el ojo de otro artista.

De vuelta al Prado, en esta primera sección aparecen expuestos los racimos de uvas que tan famosos han hecho al Labrador: racimos de uvas de distinto tipo y nombre recortados sobre un fondo oscuro, suspendidos en medio del vacío, sin ningún tipo de referencia espacial o temporal.

La segunda sección, Naturaleza en el lienzo: primavera y otoño, nos presenta obras realizadas con posterioridad a 1633 en las que las composiciones se vuelven más complejas y aparecen otros elementos tales como flores en jarrones o frutos secos, elementos vinculados a las estaciones de la primavera y el otoño y que introducen una nota de color.

Florero, Juan Fernández el Labrador, (c. 1635-36), 44 x 34cm. Museo Nacional del Prado
 
No mucho más se puede decir de una muestra pequeña pero elocuente a través de esa música callada que parecen desprender estos lienzos.  Es mejor ponerse delante de los racimos de uvas y admirar sus detalles, admirar la perfección y grandeza de lo pequeño. Poco importa si, como algunos historiadores del arte han apuntado, estos bodegones frutales tenían algún simbolismo o significado de tipo moral y cristiano. 

Aunque humildes en su aspecto, quizá para algún visitante aburridos (después de todo, sólo hay uvas), estos cuadros resultan un contraste interesante con la grandilocuencia de gestos e historias, con la exuberancia colorística que en el piso de abajo desborda la obra del joven van Dyck. Un contraste que no hace sino convertir al edificio de los Jerónimos del Museo del Prado en un resumen de los géneros existentes a lo largo de los siglos en la Historia del Arte: la pintura de historia (religiosa y mitológica), el retrato y, finalmente, el bodegón o naturaleza muerta, durante tanto tiempo relegado a un segundo plano en importancia e incluso mérito (recordemos que Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, llegó a decir que era más fácil pintar flores porque éstas no se movían).


http://img.irtve.es/imagenes/exposicion-juan-fernandez-labrador/1363007507733.jpg

El propio espacio dedicado a cada exposición (van Dyck toda la planta de abajo, el Labrador una sala minúscula) parece confirmar esa jerarquía en la que la pintura de género era poco más que simple decoración para la cocina. Sin embargo, ha de ser el espectador quien decida qué género le transmite más o le parece más meritorio.

En definitiva, esta exposición es una sabrosa invitación de once pinturas que, como poco y hasta al espectador más imperturbable, hará que recordemos el sabor de un buen racimo de uvas maduras. ¿Quién puede resistirse a una sinestesia como ésta?


Información práctica
Del 12 de marzo al 16 de junio de 2013.
Información detallada y actualizada de precios en: http://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/el-labrador/informacion-general/