lunes, 8 de diciembre de 2014

La Inmaculada Concepción en el arte: creación de una iconografía

Una de las numerosas Inmaculadas Concepciones de Bartolomé Esteban Murillo (siglo XVII)

 Todo el mundo en general
 A voces Reyna escogida
 Diga que sois concebida
 Sin pecado original

Miguel Cid


El día 8 de diciembre es, para el mundo católico, el día de uno de los dogmas de fe más queridos y difundidos: la Inmaculada Concepción de la Virgen. Sin embargo, a pesar de su amplia aceptación y presencia artística, la creencia de que María fue concebida sin la mácula del Pecado Original en el vientre de santa Ana, su madre (no hay que confundirlo con la concepción virginal de Jesús por María), sólo fue oficialmente establecida por la Iglesia en el siglo XIX. Concretamente fue Pio IX quien en 1854 tomó una decisión que desde hacía siglos se había hecho esperar.


Alfonso Grosso, La proclamación del dogma de la Inmaculada. c. 1964. Aparece, entre otros, el papa Pio IX.Más información acerca de esta obra para la Catedral de Sevilla aquí

Numerosas fueron las disputas a lo largo del tiempo acerca de la naturaleza de esta concepción inmaculada (¿María fue concebida sin el Pecado Original o sólo se volvió inmaculada estando en el útero materno o incluso en el momento del parto?) así como numerosos fueron los bandos que se posicionaron a favor y en contra (los franciscanos se constituyeron en su principal defensor; los dominicos se erigieron en adversarios). Nosotros no queremos hacer una relación de los vaivenes y giros que experimentó este dogma, sino reflexionar un poco sobre la manera en que se ha materializado artísticamente. No en vano, la imagen de la Inmaculada Concepción es uno de los asuntos iconográficos más difundidos en el mundo occidental.

¿Qué elementos nos permiten saber que una representación de la Virgen es una Virgen Inmaculada y no una Virgen del Perpetuo Socorro, por ejemplo? Para responder a esta pregunta vamos a coger una imagen inmaculista prototípica, la de Murillo que abría la entrada, una representación cien años anterior al pintor sevillano y una representación reciente. Y vamos a observar qué elementos aparecen y podrían darnos pistas acerca de esta iconografía (puedes hacer clic en la imagen para agrandarla).

Imágenes 1, 2 y 3
En primer lugar, señalaremos los elementos en común entre estas tres imágenes, por otro lado muy diferentes entre sí en estilo. En todas ellas aparece la Virgen vestida de manera sencilla con una túnica y un manto que, en el caso de las versiones 1, 2 y 3 es azul. ¿Cabría pensar que hay algún motivo para que este manto sea azul y la túnica blanca?

En segundo, si nos fijamos bien, en los tres casos la Virgen se apoya en unas nubes y una medialuna con las puntas hacia arriba. ¿De dónde procede este elemento? ¿Qué significado tiene?

Como tercer elemento en común, podemos indicar la presencia de angelotes en torno a la Virgen. El resto lo constituyen elementos diferenciadores. Por ejemplo, observamos una tendencia a simplificar la escena: en la imagen 1 acompañan a la Virgen Dios Padre y Dios Hijo, quienes además coronan a María. En las otras dos representaciones se ha optado por presentar a María sola. Además, en la imagen 1 se observan numerosos objetos en torno a la Virgen, todos ellos acompañados de una filacteria con un nombre inscrito: un árbol, una fuente, un jardín... ¿Cuál es el origen de estos elementos, en apariencia sin ninguna relación entre sí, con la figura de la Virgen o su vida? ¿Qué simbolizan?

Por otro lado, teniendo en cuenta que las imágenes 2 y 3 son muy similares y presentan grandes diferencias respecto a la imagen 1, cabe pensar que la iconografía de la Inmaculada no fue estable desde el principio, sino que experimentó algunos cambios y sólo en el siglo XVII (que es el siglo del que data la de Murillo) la imagen definitiva se configuró y pervivió en el tiempo hasta nuestros días.

Pero metámonos en materia. Si bien es cierto que las diatribas intelectuales en torno a la Inmaculada Concepción, como hemos dicho, se remontan muy atrás en el tiempo (incluso podrían encontrarse indicios en los evangelios apócrifos) y supusieron el posicionamiento a favor o en contra de órdenes religiosas e incluso reyes, la representación plástica de la Inmaculada se hizo esperar hasta el siglo XV en algunos lugares e incluso hasta más tarde. Sí es cierto que desde el siglo XIII se venían celebrando fiestas en su honor. 

Es muy probable que la aparición lenta y tardía de la plasmación plástica de este dogma haya que buscarse en su propia complejidad y abstracción: ¿cómo representar en una imagen de manera lo más cristalina posible la Concepción Inmaculada de la Virgen? Dada esta dificultad, las primeras imágenes de la inmaculada no fueron sino adaptaciones de otros motivos iconográficos hasta que finalmente encontró su propia e inconfundible representación.

El árbol que nace de Jesé culmina en la figura de la Virgen, que se encuentra flanqueada por san Joaquín y santa Ana, sus padres. Sin embargo, no siempre el Árbol de Jesé tiene connotaciones inmaculistas: es necesario conocer quién encargó la obra y para qué lugar para poder considerarla una alusión y defensa de este dogma.

Algunas de esas representaciones iniciales para expresar la idea de la Inmaculada Concepción de María fueron el Árbol de Jesé, ya empleado para representar la genealogía de Cristo, o el Abrazo de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen, en la Puerta Dorada, momento en el que, según los texos apócrifos, María fue concebida.

En este retablo (Capilla de santa Ana en la Catedral de Burgos) la escena del Abrazo en la Puerta Dorada aparece inserto en un árbol de Jesé que es rematado en su parte superior por la Virgen.

Tendremos que esperar al siglo XVI para encontrarnos con el siguiente paso en la configuración de esta iconografía: la Virgen Tota Pulchra.

Las palabras latinas tota pulchra significan literalmente "toda hermosa (o pura)" y proceden del Cantar de los Cantares:

Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te (Del todo eres hermosa, amiga mia, no tiene falta alguna tu hermosura)

Se identifica, por tanto, a María con Sulamita, la joven del Cantar, y se hacen suyos algunos de los atributos que el amante exalta de su amada:

castillo de David fuerte, y vistoso// fuente eres de los huertos, alma mía, pozo de vivas aguas muy sabroso// Qual entre las espinas es la rosa, tal entre las doncellas es mi amada//eres un huerto hermoso, y bien cerrado/ que ninguno le daña, ni le empesce:/fuente sellada, qu' él que la ha gustado etc. (1)

Detalle de una Inmaculada generalmente atribuida a Juan de Juanes, donde aparecen algunos símbolos de pureza junto a una filacteria identificativa

Y todos estos símbolos de pureza se representan tal cual rodeando a la Virgen, como veíamos en la imagen 1.  También se añadirán otros procedentes de letanías marianas (por ejemplo las letanías de Loreto) o de otros pasajes bíblicos. Será frecuente, especialmente al inicio de esta iconografía, que junto a estos elementos aparezca una pequeña inscripción indicando qué son. Asimismo, sobre la cabeza de la Virgen podremos ver las palabras Tota pulchra. Con el tiempo las inscripciones desaparecerán, ya consolidado el simbolismo.

Representación novohispana de la Tota pulchra rodeada de los símbolos de pureza con filacterias identificativas

Si observamos algunas de las representaciones de la Virgen tota pulchra nos daremos cuenta de que bajo sus pies no aparece siempre la medialuna que comentábamos al inicio de la entrada. Ello se debe a que este elemento procede de otra fuente literaria, concretamente un pasaje del Apocalipsis:

"Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza. Estaba encinta y gritaba con los dolores del parto y las angustias de dar a luz" (Ap 12, 1-2)

Detalle de una pintura de Pedro Berruguete en el que se observa a la Virgen sobre la medialuna y rodeada de rayos de sol

Fue san Bernardo de Claraval quien, en el siglo XII, identificó a esta mujer encinta con la Virgen y pronto esta interpretación pasó al arte: la Virgen comenzó a ser representada con una corona de doce estrellas en torno a su cabeza y "vestida de sol", es decir, con rayos de sol en torno a su figura o bien pequeños soles dibujados en su manto. Esta Virgen se utilizó durante algún tiempo para aludir al episodio de la Asunción de la Virgen e incluso a otras advocaciones, pero comenzó a tener connotaciones inmaculistas, al igual que ocurrió con el Abrazo en la Puerta Dorada y el Arbol de Jesé.

Asunción de la Virgen de Michel Sittow (siglo XVI). El pintor ha representado a la Virgen ascendiendo a los cielos acompañada por ángeles. María se apoya en una medialuna invertida. Algunos historiadores han leído esta obra como una Inmaculada Concepción además de una Ascensión.

A esta mujer apocalíptica, además, se le acabaría añadiendo una serpiente bajo sus pies, en alusión al dragón que, en el Apocalipsis (Ap. 12, 13 y ss.), la persigue hasta ser derrotado. Por supuesto, con el tiempo, este dragón o serpiente podría ser interpretado como la serpiente del Génesis y por tanto una alusión al Pecado Original, el mal e incluso la herejía. 

En iconografía esta Virgen es generalmente denominada Amicta sole (en latín "vestida con el sol").

La Virgen con el Niño como amicta sole en la visión de san Juan Evangelista en Patmos, mientras escribía el Apocalipsis. Sin embargo, en esta obra no se puede hablar de significado inmaculista.

Así pues, ya nos acercamos a la imagen definitiva de la Inmaculada Concepción, que no será otra que el resultado de la unión de la Tota pulchra y la Amicta sole. Dicha unión, con un significado explícitamente inmaculista, será "oficial" después del Concilio de Trento. Hasta el momento, como hemos dicho, una Virgen amicta sole podía o no tener connotaciones inmaculistas según el contexto de la obra.

Será entonces el pintor y tratadista Francisco Pacheco (1564-1644), suegro de Diego Velázquez, quien codifique la iconografía de la Inmaculada en su obra Arte de la pintura, publicada póstumamente en 1649.  Pacheco dice así:

"Háse de pintar, pues, en este aseadísimo misterio esta señora en la flor de su edad de doce a trece años, hermosísima niña, lindos y graves ojos, nariz y boca perfectísima y rosadas mejillas, los bellísimos cabellos tendidos de color de oro (...) Háse de pintar con túnica blanca y manto azul, que así apareció esta señora a Doña Beatriz de Silva, portuguesa (...) Vestida de sol, un sol ovado de ocre y blanco, que cerque toda la imagen unido dulcemente con el cielo, coronada de estrellas, doce estrellas (...) Una corona imperial adorne su cabeza, que no cubra las estrellas. Debajo de los pies la luna; que aunque es un globo sólido (tomó licencia para hacerlo) claro y transparente sobre los países, por lo alto más clara y visible la media luna, con las puntas abajo (...) Adórnase con serafines y con ángeles enteros que tienen algunos de los atributos"

Portada de la primera edición del Arte de la Pintura

Sobre el dragón, símbolo del Pecado Original, Pacheco indica que prefiere no pintarlo y que, de hacerlo, lo hace de "mala gana". Como vemos, absolutamente hasta el mínimo detalle es recogido en el libro y todo pintor ortodoxo que se preciase debía seguir los consejos de este erudito que, por otra parte, era veedor de pinturas para la Inquisición en Sevilla.

Él mismo realizará varias representaciones de la Inmaculada, acompañada por poetas o prelados que defendieron el dogma en la España del momento.  Como podrá observarse, sigue al pie de la letra sus propias indicaciones, con la salvedad del color de la túnica. 

La Virgen Inmaculada aparece acompañada de Miguel Cid, famoso poeta del momento que dedicó versos en defensa del dogma. Pacheco ha representado algunos de los símbolos de pureza (por ejemplo, la "torre de David") con elementos arquitectónicos sevillanos (la Torre del Oro).
Velázquez y Zurbarán seguirán en su mayor parte las indicaciones de Pacheco para realizar sus Inmaculadas. El color de la túnica, aunque no sigue la descripción de Pacheco, suele vincularse habitualmente a la Virgen (el azul del manto se ha relacionado con la tristeza pero también la pureza y la divinidad y el rojo con la naturaleza humana).

En esta Virgen de Zurbarán los símbolos de pureza aparecen insertos entre las nubes. La Inmaculada se apoya sobre una medialuna invertida y en su cabeza brillan las doce estrellas de la mujer del Apocalipsis.

Velázquez plantea una Inmaculada muy similar a Zurbarán. También prescinde de la corona sobre la cabeza.

Y finalmente Murillo, con su personal estilo, creará la imagen prototípica inmaculista que hasta la actualidad se ha copiado y reproducido tantas veces.

Bartolomé Esteban Murillo, Inmaculada Concepción de los Venerables o de Soult, c. 1678. Museo Nacional del Prado

Hasta aquí este rápido recorrido por la iconografía inmaculista. A aquellos que estéis interesados os recomendamos encarecidamente el estudio clásico (y en nuestra opinión aún no superado) de Suzanne Stratton sobre la iconografía de la Inmaculada en España. En los textos de Emile Mâle o Santiago Sebastián, entre otros, encontraréis ejemplos de ciclos iconográficos inmaculistas.



(1) Todas las citas del Cantar de los Cantares proceden de la traducción del texto atribuida a fray Luis de León.


Bibliografía y webgrafía
MÂLE, Emile: El arte religioso de la Contrarreforma. Madrid: Encuentro, 2012. 
SEBASTIÁN, Santiago: Contrarreforma y barroco. Madrid: Alianza Editorial, 1981. 
STRATTON, Suzanne: La Inmaculada Concepción en el arte español. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1988.

1 comentario:

  1. Interesantes apreciaciones iconográficas sobre un tema recurrente en la historia del arte cristiano.
    Y algo que siempre me llamó poderosamente la atención: el tiempo no pasa por esta mujer. Sea durante la concepción, sea durante la infancia de Jesús o sea durante la Pasión, María siempre es una mujer de mediana edad, de aspecto lozano y saludable, más con la apariencia de joven esposa que de madre. No hay más que ver la imaginería sevillana barroca para comprobarlo.
    Un saludo.

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