jueves, 3 de julio de 2014

Un judío errante de la Edad Media: Benjamín de Tudela

"En la actualidad se viaja por puro nerviosismo. Se quiere ir en busca de algo diferente (...) La gente viaja aun a sabiendas de que en otro sitio no va a encontrar nada mejor"

Paul Scheerbart, La arquitectura de cristal (1914)


Contra vientos adversos
 y la furia de la tempestad
quiso él un día un cabo doblar;
 juró y maldijo con necia arrogancia:
 "No cederé ante ti
 por toda la eternidad."
 ¡Y Satanás le oyó!
¡Y le tomó la palabra!
¡Y desde entonces vaga maldito
 por el mar, sin descanso, sin paz!

Wagner, El holandés errante (1) (1843)


Benito Jerónimo Feijoo, con su habitual ágil pluma, dedicaba una de sus Cartas eruditas y curiosas a la legendaria figura del judío errante:

"se llamaba Ausero, y ejercía el oficio de Zapatero a la puerta de Jerusalén, por donde Cristo salió para el Calvario; en cuya ocasión, queriendo el Salvador, por sentirse muy fatigado, reposar un momento en su oficina, él, dándole un golpe, le repelió, y entonces Cristo le dijo: Yo luego descansaré, pero tú andarás sin cesar hasta que Yo vuelva: que desde aquel punto empezó el cumplimiento del vaticinio, y se fue continuando siempre, porque siempre andaba peregrinando, sin parar en Provincia alguna".

Y efectivamente todavía en el siglo XX se han documentado testimonios que aseguran que el judío errante sigue vagando... y que seguirá haciéndolo hasta que llegue el día de la Parusía. Hoy os traigo a un judío que, si bien no tenía nada que ver con el Ausero de la leyenda (o tal vez sí; todo es posible), ha pasado a la posteridad también por el largo viaje que realizó en plena Edad Media.

Retrato ficticio de Benjamín de Tudela 

Ciertamente tan poco es lo que sabemos de Benjamín de Tudela que bien pudiera tenérsele por el judío errante de la leyenda. Casi la totalidad de la información que poseemos sobre su persona procede del texto que él mismo redactara, un Libro de Viajes. Al inicio de esta obra podemos leer un prólogo que dice lo siguiente:

"Éste es el libro de viajes que redactó R[abí] Benjamín bar [hijo de] Joná, del país de Navarra. R. Benjamín salió de su lugar, de la ciudad de Tudela, y marchó y fue a muchos países lejanos, tal como relata en su libro; en cada lugar que entró escribió todas las cosas que vio y oyó de boca de hombres veraces, [cosas] que no habían sido oídas en tierras de España". 

En este prólogo, además de indicarnos que Benjamín era un rabí de Tudela (de ahí el nombre con que lo conocemos) y que viajó por medio mundo, nos es posible saber la fecha aproximada de finalización de su periplo: 1173.  Es plena Edad Media, apenas se están comenzando a construir las grandes catedrales góticas, y Benjamín, un judío tal vez nacido en torno a 1130, emprende un viaje que hoy día se nos antoja imposible. Pero aunque sorprendente, tampoco debe extrañarnos: durante la Edad Media fueron muchos los hombres (conocidos o no) que recorrieron medio mundo por diversos motivos. Sin ir más lejos, cien años después que Benjamín, el veneciano Marco Polo marcharía hasta los confines del Asia, plasmando su recorrido también en un libro. 

Mapa donde aparece señalado el recorrido de Benjamín de Tudela 

El recorrido de Benjamín se inició en Tudela, como ya sabemos, y continuó por las costas de Francia (Narbona, Marsella), para pasar a Italia (Génova, Roma, Nápoles, Otranto) y desde allí partir hacia la actual Grecia y a Turquía. Después marcharía a los Estados de las Cruzadas (Palestina) y al Próximo Oriente, llegando a ciudades tan lejanas como Mosul, Bagdad y Basora, junto al llamado Mar de la India. 

Mas, ¿por qué decidió viajar Benjamín? Leyendo el relato de su viaje, todo parece indicar que su interés se centraba en localizar y contabilizar las comunidades judías que encontraba a su paso y su situación, en conocer el estado de las relaciones políticas entre cristianos y musulmanes y en conocer los principales centros mercantiles y artesanales. Con estos intereses el resultado es una narración precisa, sucinta y despersonalizada. Son muy escasas los comentarios de tipo personal, hasta el punto de que ciertos pasajes del libro parecen un inventario de comunidades judías entre las que se intercala la descripción, breve, de alguna ciudad. 

En cualquier caso, la importancia del texto de Benjamín de Tudela radica, para nosotros, en que es una fuente (aunque indirecta) de gran interés para conocer el estado de muchos monumentos arquitectónicos que hoy día apenas se conservan o han desaparecido, porque aunque Benjamín sea parco en palabras y descripciones (a veces demasiado), sirve como testimonio de lo que todavía existía durante el siglo XII y cómo era visto e interpretado por un hombre culto del medievo. 

Por ejemplo, sobre la torre de Babel, un zigurat hoy completamente perdido, dice:

..."la Torre que edificaron los de la generación que vivió la separación de las razas, construida con ladrillos llamados AYURRA. La longitud de su basamento es de como unas dos millas, su anchura como unos cuarenta codos y su longitud como unos doscientos codos. Cada diez codos hay caminos, y por ellos se sube, allí, en espiral, hasta arriba, viéndose desde allí una extensión de veinte millas, pues el país es llano. Desde los cielos cayó fuego en su interior partiéndola hasta lo más profundo". 


La construcción de la torre de Babel según una miniatura medieval

Parece que Roma no llamó mucho su atención, al menos en el sentido en el que nos lo llamaría a nosotros (concluye su sucinta descripción de la ciudad indicando que "hay, además, en Roma [otros muchos] edificios y cosas que nadie podría enumerar"). Sin embargo, hace un apunte interesante: indica que delante de la iglesia de san Juan de Letrán había una escultura ecuestre de cobre del emperador Constantino el Grande, cuyo caballo está cubierto de oro. Esta escultura no es otra que el celebérrimo retrato ecuestre de Marco Aurelio, retrato que si precisamente se salvó de ser fundido (no olvidemos que el estoico emperador persiguió a los cristianos) fue porque durante mucho tiempo se le confundió con el fundador de Constantinopla.

Marco Aurelio a caballo (siglo II d.C.)

Muy curiosa es su referencia a las pirámides de Egipto (que le merecen poco más que una frase). Se refiere a ellas como los graneros de José, pues siguiendo una tradición iniciada por el historiador judío del siglo I d.C. Flavio Josefo, las pirámides egipcias se identificaban con los graneros de piedra construidos por José en Egipto para abastecer a la población durante la hambruna: "Y había hambre por toda la faz de la tierra. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los egipcios; porque el hambre había crecido en la tierra de Egipto" (Gn 41, 56)

San Marcos de Venecia: Las pirámides de Egipto representadas como los graneros de José. Siglo XIII.

Las palabras de Benjamín acerca de las pirámides-granero son las siguientes: "También allí, en todos los lugares, hay muchísimos graneros hechos por José-la paz sea con él-, construidos con cal y piedras: es obra muy sólida. Hay allí un obelisco hecho por arte de encantamiento, no viéndose cosa tal en todo el mundo". 

Como judío, Benjamín prestó especial atención a aquellos lugares vinculados a la Historia Sagrada. Por ejemplo, toma buena nota de aquellos emplazamientos donde según la tradición estaban enterrados personajes como Abraham, Isaac y Jacob. Resulta curioso leer cómo ya en el siglo XII existía la idea de explotar turísticamente un lugar, pues, según cuenta Benjamín, se cobraba dinero a aquellos viajeros que querían visitar las supuestas tumbas de Abraham y su familia. En la actualidad este lugar sigue existiendo, es la llamada Cueva de los Patriarcas en Hebrón, siendo en la época de Benjamín una iglesia cristiana, san Abram, donde pocos años antes de que nuestro judío la visitase se habían descubierto, según contaban, las tumbas y los cadáveres de los patriarcas de Israel.

Tumba de Isaac en la Cueva de los Patriarcas en una fotografía de 1912

Y para concluir, otro punto de obligatoria parada para un turista hebreo de la Edad Media:

"Desde el monte de los Olivos se ve el mar de Sodoma [el mar Muerto], y desde el mar de Sodoma hasta el pilón de sal, que era la mujer de Lot, hay dos leguas. Los rebaños lo lamen y después vuelve a crecer, como [era] en un principio".

Formación de sal en el monte Sodoma, tradicionalmente identificado con la mujer de Lot. 

Mario Benedetti, ya en el siglo XX, le dedicó unos versos a esta mujer de sal que Benjamín contempló casi mil años antes. Quién sabe qué sentimientos se generaron en Benjamín al visitar parajes como estos. Él, sin embargo, nos dejó una narración ciertamente aséptica que más bien parece un inventario pero que no hace mermar la importancia como documento histórico del texto.

(...) mujer de sal y rocío
tu corazón sigue en celo
y tu voz está de duelo
como la tierra y el río

no olvides que no se olvida
hacia atrás o hacia adelante
ya el castigo fue bastante
reincorpórate a la vida

con audacia 
 sin alertas
con razón o sin motivo
mujer de Lot 
 te prohíbo
que en estatua te conviertas (...)



Bibliografía y webgrafía

TUDELA, Benjamín de, Libro de viajes, Ríopiedras Ediciones, Barcelona, 1982. Traducción, introducción y notas de José Ramón Magdalena Nom de Déu. 

1 comentario:

  1. Curiosa entrada donde, de la mano de un "judío errante", se dan cita los viajes, el arte, la poesía, la cita histórica y la mujer de Lot convertida en estatua de sal... por cotilla.
    Un saludo.

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