domingo, 18 de mayo de 2014

San Isidro Labrador, patrón de Madrid


Madrid, aunque tu valor
Reyes le están aumentando,
nunca fue mayor que cuando
tuviste tu labrador. 

Así canta una poesía de Calderón de la Barca la gloria de san Isidro Labrador, cuya fiesta se celebra el 15 de mayo en numerosas ciudades de España y de Latinoamérica, aunque su figura se asocie siempre a Madrid. En esta ciudad, si el tiempo lo permite, acudirán los madrileños a la pradera de san Isidro para festejar el día de su santo patrón. Pero, ¿quién fue realmente san Isidro? ¿Cuándo vivió? ¿Qué hechos milagrosos tuvieron lugar durante y después de su vida?


Imagen de san Isidro conservada en la Colegiata del mismo nombre, en Madrid, y que hoy se saca en procesión por las calles de la capital de España. La talla original barroca se encuentra en la catedral de la Almudena.

San Isidro, aunque le veamos siempre vestido a la usanza del siglo XVII, fue un personaje que vivió en plena Edad Media. Parece que nació en Madrid en torno a 1082 y murió en esta misma ciudad en 1172. Tuvo, pues, una vida longeva. Su nombre real era Isidro de Merlo y Quintana y nació en el seno de una familia muy humilde. De religión cristiana, estuvo al servicio de varios amos como labrador hasta que tuvo que huir debido a la llegada de los musulmanes. El lugar donde se refugió fue la madrileña localidad de Torrelaguna; allí casaría más tarde con quien llegaría a ser santa María de la Cabeza, natura de la Villa de Uceda. Algunas fuentes dicen acerca de este casamiento:

"Habían nacido aquellos dos corazones destinados del Señor para ser compañeros y así, sin codiciar hermosura ni riquezas, solo atendió el uno a la buena vida y virtuosas costumbres del otro, para ayudarse a caminar al Cielo, donde la compañía de los buenos casados ha de ser eterna". 


San Isidro y su esposa santa María de la Cabeza en la fachada de la Colegiata de san Isidro, en Madrid.

A partir de entonces el santo matrimonio vivirá en Caraquiz y en Talamanca, lugar éste en el que san Isidro  se dedicará a administrar la hacienda de don Juan de Vargas, un caballero de Madrid que se había hecho eco de los milagros y elogios que se contaban del santo matrimonio. Pasado un tiempo, vuelven a Madrid y nace su primer hijo. 

Parece que, en algún momento de su vida, decidió que, para vivir más santamente, él y su esposa debían vivir separados, por lo que él permaneció en Madrid y María marchó a Caraquiz. Sólo se volvieron a encontrar cuando el santo se encontraba a las puertas de la muerte: un ángel alertó a María, quien corrió a encontrarse con su marido en el lecho de muerte. Ella misma fallecería unos años después. 

San Isidro fue enterrado en el cementerio de la parroquia de san Andrés y, varias décadas después de su fallecimiento, por insistencia del pueblo, que seguía hablando de sus milagros, se decidió exhumar el cadáver: estaba incorrupto y así se conserva hoy día. 

Estampa con la imagen del cuerpo incorrupto del santo


La beatificación del santo tuvo lugar en 1619 y su canonización en 1622, por orden del papa Gregorio XV. La ceremonia, que fue celebrada con un despliegue de fiestas y arquitecturas efímeras sin igual  (se conservan numerosos testimonios de la época que describen los festejos), supuso la canonización no sólo de san Isidro, sino también la de Ignacio de Loyola, Felipe Neri y Teresa de Jesús. 

Unas décadas después, en 1657, se comenzó a edificar la capilla de san Isidro, anexa a la iglesia de san Andrés, capilla que sufrió las consecuencias de la Guerra Civil y que ha sido recientemente restaurada casi en su totalidad. 
Relieve del lado oeste de la Capilla de San Isidro en la Iglesia de San Andrés, Madrid. Representa una escena de la vida del santo.


Ésta fue, a grandes rasgos, la vida de san Isidro, una vida que se vio aderezada por numerosos milagros. Sin embargo, sólo algunos han pervivido en la tradición popular y han visto su reflejo en el arte. El primero de ellos es aquel que cuenta cómo san Isidro era ayudado en sus tareas de labrador por unos ángeles que empujaban el arado, de manera que el santo podía dedicarse a la oración. Su amo, Juan de Vargas, fue testigo de este milagro. Es muy frecuente ver en las representaciones del santo dos ángeles empujando este arado o portando las herramientas del labrador.

Taller de Zurbarán (¿hermanos Polanco?), San Isidro y los ángeles, mediados del siglo XVII, iglesia del Santo Ángel, Sevilla


Escuela de Potosí, San Isidro Labrador, siglo XIX. Museo Etnológico, Berlín. El santo aparece ayudado por una legión de ángeles.

Joaquín Castañón, San Isidro Labrador, 1866. Museo de Arte de San Antonio (Texas)


El segundo de los milagros es el llamado "milagro del pozo". Cuenta la historia que el hijo de san Isidro, el futuro san Illán, cayó en un pozo mientras su madre se encontraba atareada en el interior de la vivienda.  San Isidro, de vuelta de su trabajo en el campo, rezó a la Virgen de la Almudena pidiendo ayuda y las aguas del pozo comenzaron a subir, de manera que el niño pudo ser rescatado. 
Alonso Cano, El milagro del pozo, 1638-1640.


Relieve en el lado este de la Capilla de San Isidro en la Iglesia de San Andrés, Madrid. Representa el milagro del pozo 

A principios del siglo XIX el viajero inglés Richard Ford se hizo eco de estas historias sobre san Isidro y dejó escrito lo siguiente en un libro acerca de sus impresiones sobre España que resume muy bien, una vez más, cómo nos ven y nos han visto muchos extranjeros:

[san Isidro]
fue un ignorante campesino: de aquí que se le llame El Labrador; pero, como dice Soutrey, "fue labrador honrado y bueno, y debe su apoteosis a las fábulas que otros inventaron en torno a él y no a ninguna bribonería suya" (...) Entretanto, los campesinos, que aran y rezan como los de las Geórgicas, acuden a él para sacar las ruedas de sus carros de los baches en que se meten (...) de aquí, que entre un pueblo cuya perezosa jornada está rematada por el sueño, este holgazán abogado del sistema de no hacer nada sea verdaderamente popular y se haya convertido en el madrileño san Lunes (...) de la misma manera que los paganos adoraban a san Triptólemo porque inventó el arado, los madrileños adoran a san Isidro porque hizo innecesario su uso".



Bibliografía  y webgrafía:
http://www.artesacro.org/conocersevilla/templos/iglesias/santoangel/cuadros/index.html (14/5/2013)
DUCHET-SUCHAUX, G. y PASTOUREAU, M., La Biblia y los santos, Alianza Editorial, Madrid, 2003. 
FORD, R., Manual para viajeros por España y lectores en casa, Turner, Madrid, 2008.

2 comentarios:

  1. Es curioso que se considerase que para vivir más santamente un matrimonio tenía que estar separado. Es difícil de entender, porque luego la Iglesia tenía sus reticencias cuando una pareja decidía separarse. Yo hubiera pensado que el ideal cristiano era que un matrimonio permaneciera junto hasta la muerte.

    Espero que haya tenido un hermoso día de San Isidro, madame.

    Feliz tarde de domingo

    Bisous

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  2. Bueno, ya estamos acostumbrados a esas visiones propias de la "leyenda negra" sobre lo español. Y aunque las cosas han cambiado mucho, aún quedan atisbos de ello, en pleno siglo XXI.
    Un saludo.

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