jueves, 24 de abril de 2014

"Manchas distantes, que son verdad en él, no semejantes": anécdotas artísticas del Siglo de Oro

Por ti el gran Velázquez ha podido,
diestro, quanto ingenioso,
ansí animar lo hermoso,
ansí dar a lo mórbido sentido
con las manchas distantes,
que son verdad en él, no semejantes,
si los efectos pinta
y de la tabla leve
huye bulto la tinta, desmentido
de la mano el relieve.

Francisco de Quevedo

Hace unos días hablábamos del retrato de fray Hortensio Paravicino del Greco y del tópico, extendido en el Barroco, del realismo tan exacerbado de una pintura hasta el punto de confundir al espectador, que no sabe si lo que ve es real o pintado. Esta exaltación de la capacidad del pintor para copiar tan fielmente la realidad ("las manchas distantes, que son verdad en él, no semejantes", como decía Quevedo respecto a Velázquez) viene desde antiguo. Concretamente, de la célebre anécdota en la que dos pintores griegos, Zeuxis y Parrasio, competían para ver quién de los dos era mejor pintor. Zeuxis pintó unas uvas de manera tan realista que los pájaros intentaron posarse sobre ellas y comerlas; Parrasio realizó un simple cortinaje que Zeuxis, creyéndolo verdadero, intentó levantar. De este modo, ganó Parrasio, pues había engañado a una persona, mientras que Zeuxis sólo había engañado a unos animales.

Caravaggio, Cesto de frutas, c.1596. Pinacoteca Ambrosiana de Milán

Y todo esto es lo que subyace en las tres anécdotas que os traemos hoy aquí. Se trata de tres anécdotas que tienen varios puntos en común. En primer lugar, que transcurren durante el siglo XVII español y en segundo que en dos de ellas aparece Felipe IV, gran coleccionista de pintura por otra parte. Finalmente, cada una de las anécdotas está vinculada a tres importantes artistas del barroco español. Pero quiénes son los artistas y qué les ocurre lo descubriréis leyendo las líneas que siguen.

"Fue su mujer [de Antonio de Pereda] Doña Mariana Pérez de Bustamante, y preciábase de muy gran señora (que lo era) y visitábase con algunas de clase, y que tenían dueña en la antesala; y echando ella menos esta ceremonia: Pereda le dijo, que no se afligiese, que ya le daría gusto en eso; y le pintó una dueña con tal propiedad en una mampara, sentada en su almohada, con sus anteojos, haciendo labor, y como que volvía a ver quién entraba; que a muchos le sucedió hacerle la cortesía, y comenzarle a hablar, hasta que se desengañaban, quedando corridos de la burla, cuanto admirados de la propiedad".

Antonio de Pereda fue un pintor que vivió entre 1611 y 1678. Natural de Valladolid, se quedó huérfano siendo niño y marchó a Madrid, donde se formó como pintor. Llegaría a participar en el encargo del Salón de Reinos (para el que Velázquez pintó La Rendición de Breda entra otras obras) con la obra Socorro a Génova por el marqués de la Santa Cruz. Sin embargo, es especialmente conocido por sus bodegones y sus vanitas, entre las que destaca el Sueño del caballero, conservado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), si bien la autoría es discutida. Antonio Palomino (de quien hemos tomado la anécdota) indica que no sabía ni leer ni escribir, por lo que sus ayudantes tenían que firmar sus obras. No se conserva la obra de la anécdota. 

Antonio de Pereda, El sueño del caballero, c. 1650. Academia de Bellas Artes de san Fernando

"Don Adrián Pulido Pareja nació en Madrid, hijo de Joseph Pulido Pareja, natural de Olias, a dos leguas de Toledo, y de Doña Ana Ramírez de Arellano, que lo era de esta Corte. Por los años de 1639, le concedió el Señor Don Felipe IV, el empleo de Capitán General de la Armada de Nueva España, estando en la Corte a sus pretensiones. Entonces fue cuando le retrató el célebre Velazquez al natural tan parecido, que aseguran que estando acabado y puesto hacia donde había poca luz, bajó el Rey al taller de Velázquez, y juzgando ser el mismo Don Adrián, le dijo con extrañeza: "¿Qué todavía estais aquí? ¿No te he despachado ya? ¿Cómo no te vas?" Hasta que notando que no correspondía, conoció ser el retrato, y volvió su Majestad a Velazquez diciendo: "Os aseguro que me engañó". Este retrato tan peregrino paró en poder del Duque de Arcos"

Poco puede decirse de Velázquez que el lector no sepa ya. Para comentar esta anécdota bastan estos versos y el retrato del propio don Adrián Pulido Pareja, retrato que a pesar de lo que dice la anécdota, actualmente se atribuye a Martínez del Mazo, yerno de Velázquez. La anécdota procede del libro de Josef Antonio Álvarez y Baena, Hijos de Madrid: Ilustres en santidad, dignidades, armas, ciencias y artes. Diccionario Histórico por el orden alfabético de sus nombres, tomo I, publicado en Madrid en 1789. 

"Pincel, que a lo atrevido y a lo fuerte
les robas la verdad, tan bien fingida,
que la ferocidad en ti es temida,
y el agrado parece que divierte. 

Di: ¿Retratas, o animas? pues de suerte
esa copia real está excedida,
que juzgara que el lienzo tiene vida,
como cupiera en lo insensible muerte (...)"

Juan Vélez de Guevara (1611-1675)

Juan Bautista Martínez de Mazo (atribuido), Don Adrián Pulido Pareja, después de 1647. National Gallery de Londres.  

"La admirable escultura de san Bruno de Pereyra (...) No puede haber más verdad en la imitación de los pliegues de su ropaje; no cabe mayor realidad en el conjunto de tan importante figura. Cuéntase que visitando Felipe IV este Monasterio [la cartuja de Miraflores en Burgos], uno de los caballeros de su séquito, que cerca de él estaba, dijo, ponderando la gran naturalidad de esta imagen:
- No le falta más que hablar
Y que el rey lo contestó:
- No, no habla porque es cartujo"

El caballero que hizo la observación ignoraba que si por algo se caracterizan los monjes cartujos, es por su voto de silencio... El san Bruno, protagonista mudo de esta anécdota, no es otro que la escultura realizada por Manuel Pereira y todavía hoy conservada en la cartuja de Miraflores. De este escultor portugués, nacido en Oporto en 1588 y fallecido en Madrid en 1683, se conserva otro san Bruno en la Academia de Bellas Artes de san Fernando de Madrid. La anécdota procede del libro La Real Cartuja de Miraflores: su historia y descripción de Francisco Tarín y Juaneda, de 1896. 

Manuel Pereira, San Bruno (detalle), antes de 1635. 
Manuel Pereira, San Bruno, antes de 1635. 

Bibliografía
ÁLVAREZ Y BAENA, J.A., Hijos de Madrid: Ilustres en santidad, dignidades, armas, ciencias y artes. Diccionario Histórico por el orden alfabético de sus nombres, tomo I, Madrid, 1789. 
PALOMINO, A., Parnaso español pintoresco laureado, Madrid, 1724
TARÍN Y JUANEDA, F., La Real Cartuja de Miraflores: su historia y descripción, Valladolid, 2011 (1º edición de 1896)

1 comentario:

  1. En efecto, a algunas esculturas sólo les faltaba hablar. Tal era la precisión del artista. Por cierto, esta entrada me suena muchísimo. Seguramente es un material que has recuperado, lo cual me parece estupendo.
    Un saludo.

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