jueves, 15 de abril de 2010

San Roque y su perro

San Roque, patrón de los enfermos de peste, vivió en la segunda mitad del siglo XIV en Francia. Procedente de una rica familia, se hizo ermitaño y se dedicó a peregrinar. Sin embargo, enfermó de peste y para no contagiar a nadie se escondió en bosque, donde era alimentado por un perro y cuidado por un ángel. Sobre su muerte hay diferentes versiones, pero parece que es acusado de espionaje y muere en prisión. Junto a san Sebastián, protege a los afectados por la peste.

En cuanto a su iconografía, que comienza a extenderse a partir del siglo XV, aparecen algunos de los elementos presentes en la historia que ya hemos comentado: el ángel, el perro, el sombrero, la concha y zurrón propios del peregrino y por supuesto un bubón de peste en su pierna, que enseña remangándose el manto.

San Roque con su perro y el bubón de peste

lunes, 12 de abril de 2010

Reflexiones sobre dos tipos de cine.

"Pues, por los efectos específicos del cine (esa identificación de cine y vida), la más absurda película comercial puede ejercer sobre un público ingenuo y burdo el mismo efecto mágico que el verdadero arte ejerce en un espectador exigente. La diferencia fundamental, trágica, reside en el hecho de que una película artística despierta en su público emociones y pensamientos, mientras que el cine de masas- con ese efecto suyo especialmente adormecedor e irresistible- apaga todos las demás reflexiones y sentimientos de su público de forma definitiva e irrecuperable. Aquellas personas que ya no sienten ninguna necesidad de nada bello, espiritual, utilizan el cine como una botella de Coca-Cola".

Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo, Rialp, Madrid, 1991.

viernes, 9 de abril de 2010

La Trinidad tricéfala



Muchas son las maneras de representar el concepto cristiano de la Trinidad, tanto simbólica como antropomórficamente. Sin embargo, una de las más curiosas representaciones la constituye sin duda la llamada Trinidad tricéfala. Generalmente se trata de tres rostros fundidos en una sola cabeza.

Si bien el motivo de la tricefalia fue habitual en la Grecia antigua (por ejemplo la triple Hécate, el can Cerbero) y el referente último es el arte indio (el Trimurti hindú), parece que para esta extraña iconografía de la Trinidad se tuvieron en cuenta tradiciones locales galas, anteriores al cristianismo. Estos tenían ciertas divinidades célticas que representaban con tres cabezas. Así pues, el motivo pasó al mundo cristiano francés y probablemente de allí a toda Europa.

La Trinidad tricéfala fue denunciada por téólogos y papas como herética y monstruosa. Durante el Concilio de Trento se condenó esta iconografía (de la que los protestantes hicieron oportuna mofa denominándola "el Cerbero católico") y en los siglos XVII y XVIII fue prohibida por herética, llegando a hacerse quemar estas obras.




BIBLIOGRAFÍA:


- DUCHET-SUCHAUX, Gaston y PASTOUREAU, Michel, La Bibilia y los santos. Guía iconográfica, Alianza Editorial, Madrid, 2003.
- RÉAU, Louis, Iconografía del arte cristiano, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2002.

jueves, 8 de abril de 2010

Wagner y Tolkien: la creación del mundo

Ignoro si Tolkien (1892- 1973) admiraba o al menos conocía la obra de Richard Wagner (1813-1883), pero siempre que leo La música de los Ainur, del Ainulindalë en el Silmarillion no puedo evitar asociarlo al preludio al primer acto de El oro del Rhin de El anillo del nibelungo de Wagner.

Aquí os dejo música y texo. A ver si os sugiere lo mismo...

(AVISO: la música comienza en pianissimo, por lo que los primeros segundos pueden parecer inaudibles. Después la intensidad irá aumentando poco a poco).



"En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados (...). Y les habló y les propuso temas de música; y cantaron ante él y él se sintió complacido. Pero por mucho tiempo cada uno de ellos cantó solo o junto con unos pocos (...).


Entonces les dijo Ilúvatar: - Del tema que os he comunicado, quieo ahora que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música (...). Pero yo me sentaré y escucharé, y será de mi agrado que por medio de vosotros una gran belleza despierte en canción.


Entonces las voces de los Ainur, como de arpas y laúdes, pífinos y trompetas, violas y órganos, y como de coros de incontables que cantan con palabras, empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en una gran música; y un sonido se elevó de innumerables melodías alternadas (...) rebosando los espacios de la morada de Ilúvatar; y al fin la música y el eco de la música desbordaron volcándose en el Vacío, y ya no hubo Vacío. Nunca desde entonces hicieron los Ainur una música como ésta (...)".

(TOLKIEN, El Silmarillion, Minotauro, Barcelona, 2002)